Una cifra no es buena ni mala. Bien leída, te marca el camino.
Una sola persona detrás: José Antonio Gorjón. DSAYN existe porque casi nadie escribe el procedimiento, cruza los datos, busca patrones ni mira un cuadro de mando. Quien tiene el dato no pregunta y quien decide no sabe a quién pedirlo.
Quién está detrás, cuándo encajamos y qué no hacemos
De Cobol y C++ a Big Data e IA aplicada. Cambian las herramientas, no la base.
Contabilidad, control de gestión, cierres, presupuesto y previsión.
Gestión energética, controlling y BI de dirección.
Minor: Project Management · Smart Cities
La mayoría de consultores domina uno: el técnico, el financiero o el de sistemas. Aquí van los tres en la misma persona, y eso es lo que permite hablar con dirección y con IT en la misma reunión, y salir con una decisión.
DSAYN es una consultoría independiente de Finanzas, Datos y Sistemas. Existe para tapar el hueco que hay en casi todas las empresas.
DSAYN, en medio, hablando los dos idiomas
El negocio se entiende desde los números, no desde la herramienta.
+35 años en sistemas. Se habla con quien lleva la técnica de tú a tú.
Todo se entrega para que tu equipo lo mantenga sin nosotros.
Esos años en tres sitios distintos son la razón de que DSAYN hable el idioma técnico y el de dirección sin traductor de por medio. A los dos másteres se suman dos minors, Project Management y Smart Cities, que van de lo mismo que hacemos aquí: medir, controlar y llevar un plan de acción hasta el final. La consultoría nace en 2025 y trabaja en remoto desde España.
Cuándo encajamos bien
- Seguro que disponéis de Microsoft 365, es decir Excel, Power BI, SharePoint u OneDrive, y se le saca poco partido.
- Alguien del equipo dedica horas cada mes a rehacer los mismos informes a mano.
- Hay varias versiones del mismo fichero y nadie sabe cuál es la buena.
- Queréis autonomía: aprender a mantener lo entregado sin depender de nadie.
Los datos existen. Lo que no existe es el sitio donde se cruzan.
Listados, correo, papel y la cabeza de alguien. Tenerlos no es el problema: el coste es limpiarlos, cruzarlos e interpretarlos. Y el cliente que compraba cada mes y lleva tres sin pedir no genera un dato: genera un hueco.
Los cuatro pasos uno a uno, leer las ausencias y para quién trabajamos
Repartidos en muchos sitios y difíciles de encontrar.
El mismo dato escrito de cuatro maneras son cuatro datos distintos.
Ventas con horas, horas con coste, indirectos, mermas y la no calidad: garantías, averías y devoluciones.
Lo que dicen, lo que callan, y qué se decide con ellos.
Un solo sitio donde mirar, y una decisión al final. Hoy crees que decides con datos: decides con los que tenías a mano.
Un ejemplo de los que pasan todos los días: «García, José», «José A. García», «José García» y «José Antonio García» son cuatro clientes para el sistema y uno solo para ti. Nadie los cruza, así que el que más te compra puede no aparecer en ninguna lista.
De los cuatro pasos, el que casi nadie hace es el cuarto, y dentro hay una parte que no hace nadie: leer las ausencias. Un cliente que compraba cada mes y lleva tres sin aparecer no genera un dato: genera un hueco. Y el hueco no sale en ningún informe, porque los informes cuentan lo que pasó.
Que no saben cómo ha ido el mes hasta que alguien cierra el mes.
Que rehacen el mismo informe cada periodo, a mano, para sus clientes.
Que necesita información para decidir, no para rellenar una reunión.
Medir no es cosa de empresas grandes. Tú ya lo haces todos los días.
Miras el velocímetro, los grados, los pasos, lo que consume el coche. Nadie llama a eso analítica: es saber por dónde vas. Con tu negocio, en cambio, no suele haber velocímetro para cada tarea importante: se decide de cabeza, con lo que uno recuerda o intuye que debería haber pasado.
El salto de un dato a un patrón, y medirse a uno mismo
«El jueves entraron 38 avisos.» ¿Y qué hago con eso?
«38 el jueves; los otros días, 20.» Ahora hay algo.
«Todos los jueves.» Eso ya se puede diagnosticar.
Los números de este ejemplo son inventados, para que se vea el salto de un dato a un patrón. Los tuyos salen de tu negocio.ver másver menos
Medir es la materia prima; comparar es el oficio. Y antes de ponerle número al negocio hay que ponérselo a quien lo lleva: con qué cuentas, qué te falta y qué no puedes hacer tú solo.
Pero mirar el número no es el trabajo
Un número solo no dice nada. Empieza a decirlo cuando lo comparas: contigo la semana pasada, con el mismo mes del año pasado, con tu sector. Y cuando la comparación se repite, aparece un patrón. Eso ya es análisis.
Y lo primero que se mide es uno mismo
Antes de ponerle número a un negocio hay que ponérselo a quien lo lleva. No es autoayuda: es inventario, y son cuatro preguntas incómodas.
- ¿Estoy dando mi mejor versión, o llevo meses en piloto automático?
- ¿Tengo los medios que este trabajo pide, o lo estoy sacando con lo que había?
- ¿Tengo el conocimiento, o hay una parte que resuelvo por intuición y sale bien de milagro?
- ¿Puedo hacerlo yo, o ya toca que alguien me eche una mano?
De ahí sale media respuesta. Un negocio no mejora porque llegue una herramienta nueva: mejora cuando quien lo lleva sabe con qué cuenta. Un plan se dibuja con la persona que eres hoy, no con la que te gustaría ser en enero.
Tres cosas que tienes al lado de casa, y las tres van de medir.
Rotación de stock, ubicación en los pasillos del súper y precio de los productos. Las tres se deciden con una tabla de datos delante, no a ojo.
Los tres casos con su detalle y sus fuentes
Si algo no rota, deja de fabricarse; si vuela, se repone en días. Se decide con un informe detallado delante, cada semana.
Se llama pago por posicionamiento. Y quien repone la nevera de refrescos o el pan de molde no es el súper: es la marca.
La etiqueta es solo la pantalla. Un precio se mueve cruzando la hora y el día, el stock, la caducidad, tu coste real y quién y cuánto está comprando.
Fuentes: Directiva (UE) 2019/633 y Ley 12/2013 de la cadena alimentaria, que regulan en Europa y en España los pagos del proveedor al distribuidor por promoción y colocación; Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos (2003) para la práctica descrita como pago por posicionamiento; Forbes España, 13/07/2026, para las etiquetas y los precios dinámicos.ver másver menos
¿Y de dónde sale ese «quién»? De la tarjeta de socio: cuando algo es gratis, lo que se compra es el dato que dejas. El producto eres tú, aunque no lo veas. Y en tu negocio ese mismo dato lo tienes de primera mano y sin pagarlo: lo que pasa es que no lo anota nadie.
Rotación, sitio y precio. Ninguno de los tres se decide con un dato suelto: los tres salen de cruzar varios, y de ahí sale el resultado. Eso es tener un cuadro de mando. No tenerlo es ir a ojo y llamarlo intuición.
De la tarjeta de socio, que es gratis y no lo es. Tú te llevas un descuento; ellos, qué compras, cada cuánto y a qué hora. Con eso se afina un precio, un surtido y el momento de una oferta.
Y no es cosa del súper. Pasa con lo que ves en casa, con lo que compras por internet, con la tarjeta con la que pagas y con la gasolinera donde repostas. Cuando algo es gratis o te devuelve dinero, lo que se está comprando es el dato que dejas. No hace falta pensar mal: está escrito en las condiciones que nadie lee.
Ser pequeño no te quita las herramientas de los grandes.
No va de facturar más: va de lo que hoy se te escapa por el camino y deja de escaparse. Poco, cada mes, sin hacer nada nuevo. Y funciona igual en un negocio de una persona que en uno de cincuenta.
La cuenta completa y qué harías con ese dinero
Son 2.400 € al año y 12.000 € en cinco. Sin un cliente nuevo.
Media hora al día son 115 horas al año: 14 jornadas.
Los 200 € son un ejemplo, no una promesa: la cifra sale de tu negocio, y las cuentas son comprobables.
¿Qué harías con eso puesto a trabajar? La cifra la pones tú; la pregunta es la misma con cualquier número.
El interés compuesto no pregunta cuánto facturas. Es la misma palanca que usan los que llevan décadas invirtiendo, y funciona igual con un negocio de una persona: no gana quien acierta un año, gana quien repite. Lo difícil no es la mejora; es que no se abandone al tercer mes.
No se nota en el mes. En un año es un 12,68 %; en cinco, un 81,67 %.
Son 115 horas al año: 14 jornadas que hoy no tienes.
Y eso, en tu caja
Y la pregunta es la misma con cualquier número: ¿qué harías con eso puesto a trabajar? ¿Una máquina, alguien más en el equipo, quitarte una deuda de encima, o sencillamente dormir mejor?
Las cuentas, comprobables: un 1,00 % mensual compuesto doce veces da 12,68 %, y sesenta veces, 81,67 %. La media hora son 5 días por 46 semanas, entre una jornada de 8 horas. Y 200 € por doce meses y por sesenta. Los 200 € son un ejemplo, no una promesa.
Medimos y analizamos lo tuyo. Te lo decimos aunque el diagnóstico duela.
Esto no va de venderte licencias ni programas de terceros. Va de extraer conocimiento de tus datos y sacar la mejor versión de tu negocio. Y si el trabajo no tiene sentido, se dice el primer día.
Por qué desde fuera, el doble control y el error como hallazgo
Se agota la herramienta que ya está pagada antes de proponer otra.
Te quedas los ficheros, la documentación y el conocimiento.
Un panel bonito que nadie usa no vale nada.
Toda cifra se recalcula por otro camino. Si no coinciden, no se entrega.
Los errores caros no vienen de lo que dudas: vienen de lo que das por hecho. Y el error caro no es el que sale en la auditoría: es el que lleva dos años sin salir.
No vendemos licencias ni cobramos comisión de ningún fabricante, así que la recomendación no tiene dueño. Y si el trabajo no tiene sentido, se dice el primer día y no el último: decir no rápido es parte del servicio.
¿Y por qué alguien de fuera? Un psicólogo que se contagia de tu dolor deja de poder ayudarte. Dentro de una empresa eres parte de lo que hay que mirar: tienes jefe, tienes bando y tienes algo que perder. La distancia no es frialdad, es la herramienta.
Los errores caros no vienen de lo que dudas, vienen de lo que das por hecho. Verificar dos veces cuesta minutos; la decisión equivocada cuesta el año.
No lo hemos inventado nosotros. Lleva miles de años funcionando.
Los negocios exitosos lo aplican con disciplina, y no es casualidad. El mismo procedimiento para una multinacional y para un taller de tres.
Los cinco pasos, uno a uno
Poner número a lo que hoy no lo tiene.
Lo de fuera, lo de dentro y el sector.
Dónde se va el tiempo y el margen.
Con nombres, fechas y forma de comprobarlo.
La misma tabla a los seis meses.
Y tú lo haces a diario sin llamarlo método: tu coche consume más que el mes pasado haciendo los mismos kilómetros y lo llevas al taller porque algo no te encaja. Es algo natural y sin embargo no lo aplicamos para todo.
Ahorrar dinero es una suma y una resta, y eso ya lo sabes hacer tú. El tiempo y las fugas son otra cosa: no se ven, no se tocan, y para recortarlos hay que medirlos primero. Siempre estos cinco pasos, en este orden.
Y vuelta a empezar: la misma tabla, seis meses después
Un departamento entero vigilando que de cada 100 euros de venta no se escape ninguno por el camino.
La misma vigilancia, hecha desde fuera, sin contratar a nadie y sin cambiar tus herramientas.
Lo único que cambia con el tamaño es el número de ceros. El procedimiento es idéntico, y sin el quinto paso no hay prueba, solo promesa.
El tiempo no se pierde. Se escapa.
Facturar, atender el teléfono o hacer un presupuesto es el trabajo, no tiempo perdido. Pero no está en ninguna factura y sale de tus tardes: ocho horas a la semana, una jornada completa, 46 días al año.
La semana troceada y el año entero, en números
¿Y cómo se pasa de ocho horas a cuatro? Lo que se repite se automatiza: el presupuesto que se escribe solo, el aviso que se apunta una vez y no tres, el banco que cuadra sin ti. Y cuando el tiempo deja de irse por ahí se ve lo siguiente: qué trabajos dejan margen y cuáles no.
Facturar, atender el teléfono o preparar un presupuesto no es tiempo perdido: es el trabajo. Lo que duele es que no está en ninguna factura y sale de tus tardes. Una semana cualquiera, troceada:
| Trabajo que hay que hacer y no te paga nadie | Horas |
|---|---|
| Escribir presupuestos a mano, uno por uno | 2,0 h |
| Apuntar avisos, repartirlos y volver a apuntarlos | 1,5 h |
| Facturas, albaranes y lo que va detrás | 2,0 h |
| Cuadrar lo que no cuadra: banco, cobros, pagos | 1,5 h |
| Devolver las llamadas que se quedaron sin contestar | 1,0 h |
| Total | 8 h |
Si en tu caso son seis, cámbialo por seis; si son diez, por diez. Sea cual sea el número, ocho horas son un día de trabajo entero, cada semana. Descontando vacaciones y festivos, esto es tu año:
Y esto es solo el primer sitio donde mirar. Cuando el tiempo deja de irse por ahí, aparecen los siguientes: qué trabajos dejan margen y cuáles no, qué cliente repite, qué se está comprando dos veces.
Lo que sabe tu equipo no siempre lo sabe tu empresa.
Aquí el trabajo está pagado y la gente sabe hacerlo. Lo que se atasca casi nunca es la gente: es el método, cuando vive en las personas y no en la casa.
Los cinco síntomas y las cuatro preguntas
O vive en la cabeza de cada uno, que es el único sitio donde no se puede mejorar.
De un documento, o del compañero de al lado, que se lo cuenta a su manera.
O lo sabe una sola persona, y ese día está de vacaciones.
O se entera cuando le llega, y ahí empieza a preguntar.
No tener definidos métodos o procedimientos puede ser poco productivo. El problema de verdad es que el método que no está escrito se va con quien lo sabe.
Sin procedimiento escrito ni sitio común para los documentos, cada uno se busca su manera de hacerlo bien. Y le funciona. A él. Diez personas con diez métodos propios no forman todavía un equipo: forman diez maneras de hacer lo mismo, y todas buenas.
Y no te voy a decir cuántas horas se os van, porque no las he medido y tú me lo discutirías con razón. Lo que sí se puede poner encima de la mesa es esto, que pasa o no pasa:
| Lo que pasa todos los días | Lo que falta |
|---|---|
| Cada uno lo hace a su manera, y a todos les funciona | Un procedimiento escrito, y revisado un par de veces al año |
| Hay tres versiones del mismo documento y nadie sabe cuál vale | Un solo sitio, con una sola versión buena |
| Lo que sabe hacer uno no lo sabe hacer otro | Que el conocimiento esté en el sistema, no en la persona |
| Cada traspaso entre áreas empieza con una ronda de preguntas | Que cada eslabón sepa qué recibe, cuándo y en qué estado |
| El mismo dato se apunta dos veces porque dos sistemas no se hablan | Un dato, un sitio, y todo lo demás lo consume de ahí |
Nada de eso es culpa de nadie: pasa cuando el método vive en las personas y no en la casa, y tiene arreglo conocido desde hace cien años. Antes, cuatro preguntas que no admiten discusión, porque las contestas tú:
Nadie entrega solo. La obra es de toda la cadena.
Lo que se ve desde fuera: comercial, marketing, la web. Lo de dentro no se ve: procesos, documentos, inventario, proveedores. Y ahí cada puesto hace dos trabajos: el suyo, y el de dejar listo el del que viene detrás. Para que funcione, cada paso debería encajar como las piezas de un reloj suizo.
La cadena eslabón a eslabón, el boceto y la reunión semanal
Presupuesta con el equipo que hay, no con el que le gustaría, y lo deja escrito: el de detrás trabaja sobre eso.
Recibe el encargo con todo lo que necesita y no tiene que ir a preguntar para empezar.
Cierra en plazo y deja el trabajo documentado para quien viene detrás.
Factura bien a la primera, porque el dato le llegó bien.
Aquí termina la venta. Y si el camino salió limpio, el cliente vuelve.
Cadena de montaje: Encyclopædia Britannica, «assembly line» (britannica.com, consultado el 25/08/2026).ver másver menos
Una cadena es tan fuerte como su eslabón más débil. Si el boceto se dibuja con el equipo que te gustaría en lugar de con el que tienes, crees que tienes margen y la caja dice lo contrario. La obra no termina cuando se firma: termina cuando la cobras y te recomiendan.
A un negocio, grande o pequeño, se le puede ayudar en dos sitios. Uno se ve y lo mira todo el mundo. El otro no se ve, y es donde se queda el margen.
Cómo vendes y cómo te ven: comercial, marketing, la web, la propuesta que mandas. Se ve desde la calle, y por eso casi todo el mundo mira solo aquí.
Cómo trabajas: procesos, documentos donde los encuentre cualquiera, inventario, activos, personal, proveedores, ventas. Nadie lo ve y nadie lo enseña.
Lo que Ford llevó a escala no fue ir más deprisa: fue ordenar el trabajo para que no haya vueltas atrás ni pasos repetidos, y para que cada pieza llegue a su sitio justo cuando hace falta. Eso no es una fábrica: es una forma de trabajar juntos.
- Las tensiones no son de carácter, son de no ver el todo. Quien solo ve su tramo lee el fallo del de al lado como dejadez.
- Nadie es más importante. Una cadena es tan fuerte como su eslabón más débil, y la fuerza del más fuerte no la salva.
- El procedimiento no controla: apoya. Sirve para que lo que uno hace bien no dependa de que ese día esté fino.
La obra empieza en el boceto
Cuando eso no se hace pasa siempre lo mismo: crees que tienes margen y la caja dice lo contrario. El material, las horas de la gente y las de máquina se pasan de lo presupuestado, pero la factura se cierra contra el pedido y nadie cruza los albaranes con las horas. El sobrecoste no sale en ningún informe. Sale en el banco, tres meses después.
Tres servicios, una sola base.
Un director financiero externo te da el análisis; un especialista en Power BI, el panel; un técnico de datos, la canalización.
Los tres a la vez es lo que casi nadie entrega.
Qué te llevas exactamente de cada servicio
Se actualiza solo y se usa cada día.
Para tomar decisiones estratégicas de negocio.
Lo que hoy roba horas se reduce a minutos.
No son tres proveedores distintos: es un solo interlocutor que domina los tres. Con tres, cada uno responde de su parte y nadie del conjunto, y el que acaba traduciendo entre ellos eres tú.
Qué te llevas de cada servicio
- Cuadro de mando. El fichero funcionando en la herramienta que ya tienes, el plan de actualización, un manual corto y una sesión con quien lo va a usar.
- Informe ejecutivo. Resultados, tesorería y desviaciones sobre el presupuesto en un paquete que se repite cada mes sin tu intervención. Y si toca, el modelo de valoración, que puedes ajustar tú.
- Automatización. El proceso rediseñado, la documentación de cómo se ejecuta y la medida de antes y después, en horas.
Y alrededor
- Formación para tu equipo. Programas y sesiones sueltas para que el equipo mantenga lo entregado. Es formación bonificable por Fundae: crédito que ya tienes.
- Inteligencia artificial (IA) aplicada. Con una frontera escrita: si no podemos decirte qué problema concreto resuelve y cuánto tiempo te ahorra, no se vende como IA. La consultoría funciona por dentro con un sistema propio que redacta propuestas, informes y facturas en minutos, con las cifras auditadas. Se enseña funcionando.
- Comparativa de versiones. Qué ha cambiado exactamente entre dos ficheros, celda a celda. Útil en revisiones financieras y contratos.
- Charlas y demostraciones. En formato evento, para asociaciones, despachos y encuentros de empresa.
Cuatro peldaños, y el primero no se paga.
Primero el encaje, después el dinero. Antes de mirar los precios, recupera tu cifra: lo que hoy se te escapa cada mes. Esa es la comparación, y no el cero. El coste se paga una vez; lo que dejas de perder vuelve cada mes. Todo lo que va antes de una firma no cuesta nada.
Cómo se pone precio, con sus reglas
El Diagnóstico en mano, una hora sentados y tus propias cifras en una pieza que puedes tocar.
Siempre la primera: dice qué duele, cuánto cuesta y por dónde empezar.
Sale de la Auditoría. Acotado y con precio dicho antes.
Al mes, para que lo hecho siga vivo y vigilado. Sabes cada mes qué recibes.
La Auditoría se paga íntegra el día de la entrega. El resto de trabajos, 50 % al inicio y 50 % a la puesta en marcha. La cuota mensual, a mes vencido. El recorrido entero, con el momento exacto en el que entra el dinero, está en cómo trabajamos.
Precios sin IVA. Alcance y precio se cierran antes de empezar.
Precios sin IVA. Nada se entrega sin cerrarlo antes por escrito. Las tablas completas, con los tres tramos y los cinco enfoques, están justo debajo.
Los tres tramos de la Auditoría
Arranca en 950 € y el precio se cierra por el tamaño del negocio, no por lo que se encuentre dentro. El alcance es el mismo en los tres; lo que cambia es cuánto hay que mirar. El número de tu caso sale de la primera conversación, que no cuesta nada.
| Tramo | Para quién |
|---|---|
| Proximidad | Autónomo o micronegocio. Sin sistemas, los datos están en la cabeza y en papel |
| Pyme pequeña | De 2 a 9 personas. Hay facturación digital y algún Excel que alguien mantiene |
| Pyme mediana | De 10 a 49 personas. Hay programa de gestión (ERP) o similar y varias fuentes que no se hablan |
Los cinco enfoques de la cuota mensual
| Enfoque | Desde | Qué llega cada mes |
|---|---|---|
| Control mensual | desde 595 € | Cierre + margen |
| Automatización viva | desde 595 € | Vigilar + arreglar + duplicados |
| Dato limpio | desde 795 € | Saneo + cruce + media hora de repaso |
| La herramienta en marcha | desde 795 € | Uso y desatascos + un caso nuevo + duplicados |
| Equipo al día | desde 595 € | Píldora mensual + duplicados |
La Auditoría arranca en 950 € y su precio se cierra según el tamaño del negocio. Cada trabajo que sale de ella es un encargo acotado y con nombre propio («Tus presupuestos, bajo control», «El número que miras cada lunes»), desde 1.200 €. Y la cuota mensual, desde 595 €, nombra lo que te llega cada mes: nunca es una bolsa de horas.
- El precio se dice antes de empezar, y no se mueve por lo que yo tarde.
- Lo que se sale del alcance se presupuesta aparte, también con precio cerrado. No hay horas extra.